Venecia, una de las ciudades más visitadas y emblemáticas del mundo, continúa ajustando su estrategia para gestionar el turismo masivo y proteger su patrimonio histórico y cultural frente a la presión de millones de visitantes cada año. Ante el persistente fenómeno de overtourism —la saturación turística que supera la capacidad de carga urbana y afecta la vida de los residentes—, las autoridades han implementado nuevas reglas y promovido alternativas a los recorridos tradicionales.
Desde 2024 la ciudad comenzó a exigir un pase de acceso obligatorio para “day-trippers” —aquellos visitantes que llegan solo por el día— en determinadas fechas del año, especialmente durante fines de semana y días festivos de alta afluencia. En 2025 este sistema se amplió a 54 días con cobro de entre 5 y 10 euros según el momento en que se reserve el acceso, y los visitantes que no cumplan con obtener su código QR pueden enfrentar multas de hasta 300 euros.
El cobro no tiene como único objetivo recaudar dinero, sino regular el flujo de turistas en el centro histórico de la ciudad para reducir la congestión en lugares icónicos como la Plaza de San Marcos y el Puente de Rialto, además de mejorar la calidad de vida de los residentes que conviven con un número muy superior de visitantes diarios.

Venecia refuerza el control de visitantes y promueve recorridos alternativos
Además de estas medidas económicas, el gobierno local ha introducido nuevas normas para los grupos turísticos: desde junio se limita el tamaño de los tours organizados a un máximo de 25 personas y se prohíbe el uso de altavoces por parte de los guías turísticos. Esto busca minimizar los ruidos y facilitar la movilidad peatonal en las estrechas callejuelas y puentes venecianos.
Para complementar el control de visitantes, los operadores turísticos y la municipalidad están promoviendo recorridos alternativos fuera de los puntos más saturados, como rutas guiadas por los barrios menos conocidos, islas cercanas como Burano y Torcello, y experiencias culturales que resaltan la vida cotidiana veneciana lejos de los circuitos clásicos.
Con estas estrategias integrales —que combinan regulación, innovación y diversificación de experiencias—, Venecia busca preservar su identidad histórica y ofrecer un turismo más sostenible, equitativo y respetuoso con su patrimonio y comunidad local, manteniendo vivo su encanto sin sacrificar su futuro.






