En pleno corazón de los Países Bajos existe un pueblo donde las calles no son las protagonistas. En Giethoorn, los canales atraviesan el centro de la localidad y durante décadas fueron una de las principales vías de transporte para sus habitantes. Por eso, cuando los turistas llegan, descubren algo poco habitual en Europa: en buena parte del casco histórico, los autos no forman parte del paisaje.
Giethoorn se encuentra en la provincia de Overijssel, al norte de los Países Bajos, y es conocido internacionalmente como la “Venecia del Norte”. El apodo se debe a su particular red de canales, acompañada por pequeños puentes, senderos y casas tradicionales con techos de paja.
La particularidad no es que exista una prohibición absoluta de automóviles en todo el municipio. En las zonas modernas hay caminos y vehículos, pero el antiguo centro del pueblo carece de calles convencionales para automóviles. Allí, los desplazamientos se realizan principalmente a pie, en bicicleta o por agua.
Para los visitantes, una de las experiencias más características consiste en alquilar una pequeña embarcación eléctrica y recorrer los canales. También existen excursiones guiadas que permiten conocer la historia de las viviendas y de la comunidad desde el agua.
El origen de esta particular geografía está relacionado con la extracción de turba. Durante siglos, la explotación de este material generó pequeñas lagunas y canales que terminaron formando parte de la estructura del pueblo. Con el tiempo, el agua dejó de ser solamente una consecuencia de aquella actividad económica y se convirtió en uno de los principales atractivos turísticos.
Hoy, Giethoorn recibe visitantes que buscan justamente lo contrario de una gran ciudad europea: silencio, agua, naturaleza y desplazamientos tranquilos. Las bicicletas reemplazan a los automóviles en muchos recorridos y los pequeños puentes conectan las viviendas con los senderos.
La postal parece casi irreal: casas tradicionales rodeadas de jardines, canales donde navegan pequeñas embarcaciones y personas caminando o pedaleando sin el ruido constante del tránsito.
Más que una curiosidad turística, Giethoorn muestra cómo un pueblo puede organizar su vida alrededor de una geografía particular. Allí, el agua no es un obstáculo para moverse: es la ruta principal.

