El terror de El Resplandor no nació únicamente de la imaginación de Stephen King. Detrás del mítico hotel Overlook existe un lugar real: el Stanley Hotel, ubicado en Estes Park, Colorado, al pie de las Montañas Rocosas. Allí, una breve estadía del escritor terminó convirtiéndose en el germen de una de las novelas más inquietantes de la literatura contemporánea.
Stephen King llegó al Stanley en 1974, cuando el hotel estaba a punto de cerrar por el invierno. Él y su esposa fueron prácticamente los únicos huéspedes. Pasillos largos y vacíos, salones silenciosos y una sensación constante de aislamiento marcaron esa noche. King durmió en la habitación 217, donde tuvo una pesadilla tan vívida que se despertó sobresaltado. Al día siguiente, ya tenía en mente la historia de un hotel aislado, un cuidador y una lenta caída hacia la locura.

El hotel real que inspiró El Resplandor
Construido en 1909, el Stanley Hotel fue concebido como un lujoso refugio de montaña. Su arquitectura elegante, sus enormes ventanales y su ubicación imponente generan una atmósfera particular, incluso a plena luz del día. Con el paso del tiempo, el hotel sumó fama por presuntas apariciones, ruidos inexplicables y fenómenos paranormales, alimentando una leyenda que hoy forma parte de su atractivo turístico.
Aunque muchos asocian El Resplandor con la estética de la película de Stanley Kubrick, el Stanley Hotel no fue escenario del film de 1980. Sin embargo, sí sirvió de locación para una miniserie televisiva de 1997 basada en la novela, producida con la participación directa de Stephen King, quien consideraba que esa versión era más fiel a su obra.

El hotel real que inspiró El Resplandor
Hoy, el Stanley Hotel es un destino buscado tanto por amantes del terror como por curiosos y fanáticos de la literatura y el cine. Ofrece visitas guiadas, recorridos nocturnos y habitaciones que conservan el estilo clásico de principios del siglo XX. Lejos de ser un hotel oscuro o decadente, combina historia, elegancia y un toque inquietante que seduce a miles de visitantes cada año.
Así, el lugar que inspiró El Resplandor se convirtió en un ejemplo de cómo un espacio real puede trascender su función original y transformarse en un ícono cultural, donde la frontera entre ficción y realidad parece, todavía hoy, ligeramente borrosa.






