Dormir sin alarmas y comer local: así es el nuevo turismo del buen vivir

Dormir sin alarmas, comer sin apuro y moverse al ritmo del día. Ese es el espíritu del nuevo turismo del buen vivir, una tendencia que crece entre viajeros cansados de las vacaciones cronometradas, las excursiones exprés y las agendas llenas de actividades. Cada vez más personas eligen viajar no para “hacer todo”, sino para vivir mejor durante el viaje.

En este tipo de turismo, el tiempo deja de ser un enemigo. No hay despertadores sonando temprano para cumplir horarios estrictos ni listas interminables de lugares “imperdibles”. Las mañanas suelen empezar cuando el cuerpo lo pide, con desayunos largos y productos locales: pan recién horneado, frutas de estación, quesos artesanales o café preparado sin prisa. Comer deja de ser un trámite y se convierte en parte central de la experiencia.

Dormir sin alarmas y comer local: así es el nuevo turismo del buen vivir

Dormir sin alarmas y comer local: así es el nuevo turismo del buen vivir

El turismo del buen vivir también propone una relación más cercana con el entorno y las comunidades locales. Los alojamientos suelen ser pequeños: casas rurales, posadas familiares, cabañas o eco-lodges donde los anfitriones recomiendan mercados, ferias y restaurantes del lugar. Se prioriza el consumo de productos regionales, no solo por su frescura, sino porque fortalece la economía local y reduce el impacto ambiental.

Otro rasgo clave es la búsqueda de bienestar integral. Caminatas suaves en la naturaleza, siestas, lecturas pendientes, baños de río o mar y actividades simples reemplazan a las excursiones intensivas. No se trata de hacer menos por falta de interés, sino de hacer menos para disfrutar más. En muchos casos, el viaje se convierte en una pausa necesaria para revisar hábitos, bajar el estrés y reconectar con el cuerpo.

Este tipo de turismo creció con fuerza después de la pandemia, cuando muchos viajeros replantearon su forma de descansar y de relacionarse con el tiempo libre. Destinos rurales, pueblos pequeños y regiones alejadas del turismo masivo comenzaron a recibir visitantes que buscan silencio, paisajes y experiencias auténticas, lejos de las multitudes.

Dormir sin alarmas y comer local no es solo una postal simpática: es una forma distinta de viajar. Una que pone en el centro el bienestar, el respeto por los lugares visitados y la idea de que las mejores vacaciones no siempre son las más intensas, sino las que permiten volver a casa verdaderamente descansados.

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