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Los lugares donde la naturaleza recuperó antiguas ciudades abandonadas

Cuando una ciudad es abandonada, el paso del tiempo no solo deteriora sus edificios: también abre la puerta para que la naturaleza vuelva a ocupar el espacio que alguna vez le perteneció. Árboles que atraviesan techos, raíces que rompen calles y selvas que envuelven templos son algunas de las imágenes que convierten a estos sitios en destinos turísticos únicos, donde la historia y el paisaje conviven de manera sorprendente.

Uno de los ejemplos más famosos es Angkor, en Camboya. Aunque hoy recibe millones de visitantes cada año, durante siglos gran parte de este enorme complejo de templos permaneció oculto bajo la selva. Las gigantescas raíces de los árboles spung abrazan muros y columnas, creando una de las postales más icónicas del sudeste asiático.

En Sudamérica, la ciudadela de Machu Picchu, en Perú, también fue recuperada parcialmente por la vegetación tras quedar deshabitada durante la época colonial. Rodeada por montañas cubiertas de bosques nubosos, su ubicación contribuyó a preservarla durante siglos hasta su redescubrimiento a comienzos del siglo XX.

Los lugares donde la naturaleza recuperó antiguas ciudades abandonadas

Italia ofrece otro escenario singular con Craco, un pueblo medieval abandonado debido a deslizamientos de tierra y terremotos. Aunque la vegetación no es tan exuberante como en los trópicos, las plantas trepan por las antiguas construcciones de piedra y acentúan el aspecto fantasmal del lugar, que incluso ha servido como escenario de películas.

En Namibia, Kolmanskop muestra cómo el desierto puede reclamar una ciudad. Este antiguo asentamiento minero, que prosperó gracias a la extracción de diamantes, quedó deshabitado en el siglo pasado. Hoy, las dunas ingresan por puertas y ventanas, cubriendo habitaciones enteras y transformando las viviendas en un paisaje tan extraño como fascinante.

Otro caso emblemático es la antigua ciudad maya de Calakmul, en el estado mexicano de Campeche. Sus pirámides permanecieron ocultas por la selva durante siglos y hoy emergen entre árboles gigantes, ofreciendo una experiencia donde la biodiversidad y la arqueología se complementan.

Estos destinos recuerdan que, cuando la actividad humana desaparece, la naturaleza encuentra la forma de recuperar el terreno perdido. Visitar estas ciudades es contemplar el diálogo permanente entre la obra del hombre y la fuerza del ambiente, una combinación que convierte a cada ruina en un paisaje irrepetible y en una lección sobre el paso del tiempo.

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