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Dormir diferente: hoteles construidos en árboles, cuevas, faros, trenes y otros lugares insólitos

Para algunos viajeros, elegir un alojamiento ya no significa simplemente buscar una cama cómoda y una buena ubicación.

Para algunos viajeros, elegir un alojamiento ya no significa simplemente buscar una cama cómoda y una buena ubicación.

Para algunos viajeros, elegir un alojamiento ya no significa simplemente buscar una cama cómoda y una buena ubicación. En los últimos años, una parte del turismo comenzó a buscar experiencias capaces de convertirse en uno de los recuerdos principales del viaje. Así surgieron hoteles y hospedajes instalados en lugares inesperados: casas en los árboles, cuevas, antiguos faros, vagones de tren, molinos, iglús e incluso antiguos edificios industriales.

Las casas en los árboles son uno de los ejemplos más populares. Algunos alojamientos se construyen a varios metros del suelo y ofrecen habitaciones rodeadas de bosques, con grandes ventanales y terrazas suspendidas entre las ramas. La propuesta combina naturaleza y privacidad, y busca que el propio alojamiento sea parte de la experiencia.

Dormir diferente: hoteles construidos en árboles, cuevas, faros, trenes y otros lugares insólitos

Otra alternativa son los hoteles dentro de cuevas. En regiones como Capadocia, Turquía, antiguas formaciones excavadas en roca fueron adaptadas como habitaciones. Lejos de ser construcciones completamente nuevas, estos establecimientos aprovechan espacios que durante siglos tuvieron otros usos y los combinan con servicios contemporáneos.

También existen alojamientos instalados en faros históricos. En distintos puntos costeros de Europa y América del Norte, antiguas construcciones destinadas a orientar a los barcos fueron restauradas y transformadas en hospedajes. La ubicación suele ser el principal atractivo: dormir frente al mar, rodeado de acantilados y con el sonido de las olas como parte de la experiencia.

Los trenes también encontraron una segunda vida turística. Algunos antiguos vagones fueron convertidos en habitaciones, mientras que otros establecimientos recrean la estética de los grandes viajes ferroviarios de otras épocas. En estos casos, el atractivo está relacionado con la nostalgia y con la posibilidad de dormir dentro de un objeto que alguna vez tuvo una función completamente diferente.

La tendencia se extiende además a molinos, antiguos depósitos, barcos, iglús y edificios industriales reciclados. En todos los casos aparece una misma idea: el alojamiento deja de ser un lugar donde simplemente pasar la noche y se convierte en parte del destino.

Este fenómeno también refleja un cambio en la manera de viajar. Para muchos turistas, fotografiar el hotel, conocer su historia y experimentar su particular arquitectura puede ser tan importante como visitar los atractivos tradicionales de la ciudad. El viaje, entonces, comienza incluso antes de salir de la habitación.

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